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Estudia, trabaja y sé gente primero

Lunes, 18 Octubre 2021 15:31
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Mauricio Molinares, Rector UniAutonoma

Mauricio Molinares Cañavera

Rector

@maumolinares 

 

 

“Estudia, trabaja y sé gente primero, ahí está la solución”
“Plástico” Rubén Blades.

 

Siempre he buscado la forma de sacarle lo bueno a cada situación que me corresponde vivir. Lo bueno, lo malo y lo feo, todo siempre obra para bien. La amenaza latente de una pandemia que al momento de escribir estas líneas ha infectado y matado a millones de personas en todo el mundo cambió nuestras costumbres. Hoy escribo estas líneas desde el aislamiento estricto que me ha impuesto el resultado positivo de una prueba para Covid-19 que por rutina y salud me hice. Un resultado que asumí como regalo de Dios y receso obligado en medio de tantas afugias y “correndillas” para tener la calma y poder leer más, ver buen cine, escuchar una buena melodía, y por supuesto, escribir.


Hoy retomé mi blog, el que por algunas semanas tuve suspendido debido a tantos compromisos de trabajo, el día a día, 4 hijos que demandan atención de papá, en fin, circunstancias que a veces nos demandan mayor esfuerzo y dedicación. Así que en medio de este encierro y esta soledad quise “darme gusto” escuchando esa buena música que me gusta, tener tiempos largos de oración, buena lectura y escribir la sexta entrega de mi columna.


El título de esta entrega es apenas el pregón de un tema llamado “Plástico”, primera canción contenida en el álbum “Siembra” del reputado cantautor, abogado, actor y político panameño Rubén Blades. Este fue el segundo álbum realizado en conjunto con Willie Colón y lanzado en 1978 el cual con más de 5 millones de discos vendidos en todo el mundo es, hasta hoy, el álbum más vendido del sello Fania Records y probablemente lo seguirá siendo a lo largo de la historia de este género. ¡Qué categoría!


Soy un confeso amante de la música y en especial de este género, así que este hermoso pregón fue mi inspiración para esta reflexión que nace por algunas cosas que observo en mi entorno, las cuales me preocupan y me llevan a pensar de lo que implica “estudiar, trabajar, y ser gente primero”.


LO PRIMERO
En los últimos dos partidos jugados por la Selección Colombia en Barranquilla para las eliminatorias al mundial de Qatar, contra Brasil y Ecuador, me llamó mucho la atención algo que, en realidad, quizás no había advertido antes en mi ciudad, o posiblemente yo no lo había identificado. En los actos protocolarios, de ambos partidos, los himnos de ambas naciones, Brasil y Ecuador fueron abucheados. El hecho ya era bochornoso y sorprendente en un acto de talla internacional, con transmisión por televisión en vivo; sin embargo, lo más bochornoso y sorprendente fue lo que sucedió a continuación. Con los amigos con los que estaba comenzamos a intentar calmar a la gente, haciéndole ver lo grave de la situación, pero oh sorpresa, los abucheados fuimos nosotros, para no mencionar algunos insultos que recibimos.


Soy un amante del fútbol y de la cultura espontánea del estadio. Hincha fiel del Junior de Barranquilla, fanático de “la bulla” y soy consciente de la presión que recibe el rival cuando juega en nuestra plaza. Aprendí en mi clase de cívica en el Colegio Americano y también en mi casa, que el himno es sagrado. La verdad me sentí avergonzado, sentí pena de plaza, en qué momento confundimos la alegría Caribe, la espontaneidad y el repentismo de nuestro humor, con la ofensa a un ícono que exige todo respeto como son los actos protocolarios, y en especial, el himno de un país hermano, representado en 11 muchachos que juegan por su patria.


Lo anterior me da pie para identificar toda una serie de hechos que vienen sucediendo en nuestro contexto y que en realidad no están desconectados y no se pueden considerar como aislados. En esta tribuna vengo haciendo algunas disertaciones acerca de una inversión en los valores. Me preocupa mucho que a quienes optemos por hacer el bien, se nos tilde de bobos, y quienes tienen cierta tendencia a la trampa y a lo ilegal, se les llame, astutos, inteligentes y hasta brillantes. Me asusta eso. Me preocupa entonces el rol de quienes trabajamos en la formación del ser humano y a todos los que estamos inmersos en esa tarea de formación. No solo hablo del docente, hablo de todos los que estamos integrados en el proceso de educación del ser humano, de lo que algunos doctrinantes llaman la “formación de la cosmovisión del ser humano”. Ahí forman parte esencial muchos actores, la prensa, los comunicadores, padres, vecinos, la familia, los amigos, en fin, todos los que de una u otra manera forman nuestra percepción de la realidad.


Considero que lo más valioso de una sociedad no son sus activos medidos en índices económicos, o en recursos naturales. Lo más valioso de una sociedad es su recurso humano, pero su recurso humano entendido en el valor de los procesos educativos, culturales y sociales de su gente. Una sociedad educada es una sociedad sumamente valiosa. Países orientales, como Japón y China, no cuentan con mucha riqueza de sus recursos naturales o minerales, pero han basado en la educación de sus pueblos todo el éxito de sus procesos industriales, sociales y económicos.


La imagen del estadio lleno chiflando el himno de Brasil y de Ecuador, me ha llevado a la reflexión de poder tener una medición de nuestras competencias educativas como sociedad. Soy conocedor de los resultados de las Pruebas Saber Pro, y últimamente me preocupa la tendencia a la baja de los resultados que obtienen los jóvenes de nuestras universidades en problemáticas de competencias ciudadanas. Me preocupa pensar que quienes trabajamos en la formación de nuestra juventud, solo estamos girando alrededor de la experticia científica, académica, o técnica, y que hayamos olvidado el ser, el alma, el gerenciamiento de las emociones.


Hoy vivimos la verdadera revolución de la educación, hoy un niño o un adolescente con un teléfono en la mano, cuenta con mucha más información que un presidente de una nación, que el gerente de una empresa, el rector de una universidad, o el profesor que regenta una materia. Por eso nuestro rol hoy es totalmente distinto, y quien no entienda este cambio de paradigma debe revaluar su trabajo como docente, profesor, maestro, investigador, directivo universitario, padre de familia, gobernante, etc.


Por lo anterior, el trabajo docente hoy, ya no es transmitir una información, sentenciar o emitir conceptos, quien así esté desempeñando su trabajo docente, me da mucha pena, pero se ha constituido en una pieza de estorbo en el proceso del aprendizaje. El rol del docente hoy implica el reto de mostrar escenarios idóneos de buen manejo de la información, espacios de buena construcción con la información que hoy nos llueve por tantos canales. El oficio docente es el oficio más importante de la sociedad. El docente tiene en sus manos toda la masa social, y tiene la trascendental responsabilidad de lograr la atención y admiración de sus estudiantes, para que estos no salgan a abuchear el himno de una nación hermana, antes, por el contrario, que salgan a desarrollar patentes, ser buenos gobernantes, buenos esposos y esposas, buenos ciudadanos. Gente buena. Ser gente.


Los problemas que hoy nos aquejan y nos preocupan como sociedad, no son problemas que tengan solución desde lo jurídico, mucho menos desde lo político. Son verdaderos problemas humanos, problemas de valores, problemas de principios, son problemas de educación. Entonces nos encontramos frente a un tremendo reto. Reto del cual hay que hablar. No es un asunto menor que la descomposición social que hoy aqueja a nuestro país entre múltiples causas, tenga como una de ellas la formación integral del ser humano.


En las escuelas y universidades se dejó de enseñar cívica, urbanidad, comportamiento y salud, religión, catequesis. Como anécdota debo contar que hace algunas semanas salí a comer con mi familia, algo numerosa, y en medio del restaurante mis hijos de forma espontánea comenzaron a orar por los alimentos antes de comer. Algunos comensales del lugar nos miraron medio raro, casi con asombro. Y eso es algo que simplemente mis hijos aprendieron en casa, porque papá y mamá lo aprendieron también en casa, cuando éramos niños. Hechos tan sencillos como estos pueden determinar cambios importantes a nuestra sociedad.


Hoy la fuerza de lo visual ataca hábitos trascendentales del ser humano, como la lectura, por ejemplo, me preocupa el mal empleo de las plataformas digitales y redes sociales, que invaden nuestros sentidos de imágenes de “influencers” que riegan dinero por los aires desde un helicóptero, de tiktokers moviendo sugestivamente su cuerpo al ritmo de un reguetón, o de cantantes que mediante un video llaman “perra” al ser más sagrado del universo. Pregunto: ¿Qué está pasando?, ¿en qué momento esto lo aceptamos?, ¿qué virtud hay en ello?, ¿es normal, o debo aceptar ser abucheado o insultado en el estadio, por invitar a la grada a que no chifle el himno de naciones hermanas?, ¿debo acostumbrarme a ello? ¡Por Dios!


La respuesta a los interrogantes anteriores no es otra que falta educar mejor a la gente primero. Jamás he pretendido con estas líneas emitir sentencia final o de cierre con ninguno de los temas aquí propuestos, pero si, invitar a espacios reflexivos de nuestro acontecer diario. Tenemos mucho trabajo. Quisiera ser retroalimentado, en esta misma página, o en mis redes. Escríbanme o llámenme.


¿Qué tal si generamos espacios o cátedras abiertas de valores? espacios de diálogo en los que se hable de estos temas. Yo quiero que mis hijos, que mis estudiantes sean gente buena. Yo quiero que mis estudiantes y mis hijos sean gente virtuosa. Dejo la invitación al debate, y si algo tiene usted, mi querido lector para aportar, por favor hágame saberlo. Yo le estaré muy agradecido.


Me suscribo tarareando el coro y el pregón de Rubén:
“Se ven las caras, se ve las caras, vaya, pero nunca el corazón.
Estudia, trabaja, y sé gente primero, ahí está la salvación,
Se ven las caras, se ve las caras, vaya, pero nunca el corazón”

 

MAURICIO JAVIER MOLINARES CAÑAVERA
Rector
Universidad Autónoma del Caribe.

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