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Emociones: Importancia y trascendencia.

Lunes, 03 May 2021 19:25
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Mauricio Molinares, Rector UniAutonoma

Mauricio Molinares Cañavera

Rector

@maumolinares 

 

 

"Es muy importante entender que la inteligencia emocional no es lo opuesto a la inteligencia, tampoco es el triunfo del corazón sobre la cabeza, es la intersección de ambos" David Caruso.

 

La pandemia ha traído efectos y consecuencias evidentes en nuestras vidas y en nuestra cosmovisión. Muchos nos enfrentamos a retos que pueden ser estresantes, abrumadores y provocarnos emociones fuertes. El confinamiento y cada una de las medidas sugeridas y ordenadas por los gobiernos como el distanciamiento social (término que no logro digerir), son necesarias para reducir la propagación del virus, pero en muchos casos nos hacen sentir aislados y aumentan nuestros niveles de estrés y ansiedad.

 

Hace algunos días quise hacer una pausa activa, en medio de una jornada laboral extensa en el marco del trabajo en casa. Tenía justo en ese momento una fluctuación de emociones todas intensas y complejas, dado el obvio momento que vive la humanidad, el fallecimiento de amigos muy cercanos, el contagio de familiares, sumado al estrés normal que implica el accionar diario de los compromisos profesionales.

 

Una sesión de Zoom con amigos de la infancia fue suficiente. Literalmente me sentí transformado. Reír sin parar con las anécdotas del barrio, recordar momentos maravillosos de nuestra niñez y adolescencia, trajo un rato de bienestar invaluable para mí. Ese día dormí más de lo habitual. Algo tan sencillo, que no implicó mucho esfuerzo, trajo un cambio positivo en la atmósfera de mi entorno. Mi casa, mi lugar de trabajo y mi equipo cercano fueron influenciados por el efecto de una buena emoción y un buen sentimiento.

 

Reitero que en este espacio no pretendo sentenciar o establecer máximas con relación a ningún tópico. Pero sí busco generar inquietudes con relación a circunstancias del día a día que nos envuelven dentro de un momento histórico, que quizás ninguno de nosotros imaginó vivir y que, muchas veces pareciera que nos enmarcan en una película de ciencia ficción. Sí seré claro siempre en establecer mi criterio y posición, y hacerlos saber de manera respetuosa en todos los contextos en los que me desenvuelvo. Creo que esto último me lo da el ser caribe.

 

Aprendí desde muy niño de Juan Gossaín y de otros escritores que, a los hombres caribe nos gusta y nos interesa dar a conocer nuestro pensamiento y posición ante la vida, que asumimos puntos de vista marcados por cualquier tipo de ambiente, ya sea de alegría o de dolor, y no nos escurrimos soterradamente ante momentos complejos, sino que los enfrentamos con claridad, independientemente de cuál sea nuestra reacción.

 

¿Cómo reaccionar entonces desde nuestras emociones y sentimientos ante el contexto que hoy vivimos?, ¿Cómo sentirnos ante tanta noticia devastadora?, ¿Qué acción o discurso argumentativo debemos establecer en nuestro diario acontecer en el escenario en el cual desempeñamos un rol?, ¿Qué posición debemos asumir?

 

La emoción es definida por la Neurociencia como una respuesta orgánica que crea reacciones bioquímicas en el cuerpo alterando el estado físico actual. Los sentimientos son asociaciones mentales y reacciones hacia las emociones según nuestras experiencias personales.

 

Como profesor durante estos últimos quince años, y como profesional dedicado a la educación, debo reconocer que las emociones juegan un papel determinante en cada uno de los procesos de aprendizaje.

 

Existe cualquier cantidad de evidencia científica que hoy nos da la certeza de indicar que el aprendizaje y todos los procesos cognitivos se dan en el marco de un matrimonio entre la cognición y la emoción. Esto es, un proceso indisoluble cuyos dos elementos principales jamás se separan. Anteriormente creíamos que el aprendizaje era un fenómeno eminentemente cognitivo. Hoy sabemos que esto no es así; y que las emociones impactan determinantemente no solo en el que aprende, sino también en el que enseña.

 

Por lo anterior, pudiéramos decir que las emociones son las verdaderas gendarmes del aprendizaje, porque éstas son las responsables de la memoria. Recordamos muy bien lo que hemos aprendido con emoción o lo que hemos vivido en cualquier estadio de nuestra existencia con una emoción marcada. Nuestra corteza cerebral es selectiva y las emociones vienen a ser como especie de cemento de los recuerdos. Nuestros recuerdos pudieran ser positivos o negativos, pero si un hecho, una persona, hábito o circunstancia no ha dejado huella emocional alguna en ese cemento, simplemente no nos acordamos de ello.

 

Ejemplo de lo anterior es que no nos acordamos de cada uno de nuestros profesores, solo recordamos algunos. Ya sea porque nos dejaron una buena huella o, en algunos casos, una cicatriz. Esto es, los que nos impactaron con emociones que facilitaron el proceso de aprendizaje o los que nos provocaron otras que lo limitaron.

 

Se trata entonces de identificar qué emociones nos ayudan a aprender, las que hacen que el cerebro se expanda y disponga toda atención: curiosidad, alegría, interés. Cuando sentimos este tipo de emociones, casi que aprendemos solos, nos adentramos a investigar y a buscar la información en el lugar que esté. Entender esto debe influenciar toda la manera de desarrollar nuestro quehacer diario, dado que, de alguna u otra forma, todos estamos desplegando procesos de aprendizaje, ya sea formalmente, como los que trabajamos en instituciones de educación, o informalmente, los que desempeñamos roles de padres, hijos, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, en fin…
Generar espacios y momentos de emociones sanas potencia el aprendizaje. Ambientes de calma y tranquilidad permiten centrar la atención. Ahora bien, en medio de un contexto de enfermedad, malas noticias, temor o miedo, ¿cómo generar espacios de emociones positivas?, he ahí el rigor de nuestro reto. Aprendí de alguien que la verdadera calma no es la ausencia de problemas, sino la paz y tranquilidad en medio de ellos. El miedo, la ansiedad y estrés bloquean el acceso a la memoria.

 

Las emociones son vasos comunicantes: si aumenta la calma disminuye el estrés, si aumenta la confianza disminuye el miedo, si aumenta la curiosidad disminuye la apatía. De ahí que podamos identificar los estados emocionales favorables al aprendizaje y los que no los son. Esto aplica para todas nuestras relaciones, incluso para ser mejor recordados por nuestro entorno y espacio de influencia.

 

Más que el cociente intelectual, la conciencia emocional y las habilidades para controlar sentimientos determinarán nuestro éxito y felicidad en todos los ámbitos de la vida. Nuestro reto entonces está marcado en que podamos generar entornos sanos emocionalmente hacia nuestros estudiantes, familiares, vecinos y amigos. Esta es una buena forma de aportar positivamente en medio de este tenaz contexto que nos ha tocado vivir.

 

Es muy claro que no todos recibimos la información del mismo modo, pero para que nuestros días sean más agradables debemos reír más, leer sobre temas de interés, buscar noticias buenas y comunicarlas, disfrutar los pequeños detalles de la vida, influenciar a que otros también lo hagan; nuestra felicidad depende de nosotros mismos, construyámosla con iniciativa y determinación para hacer estos momentos más llevaderos.

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